Lo mismo ocurre con las valoraciones que se piden en memorias de actividades formativas o de cursos de formación continúa del profesorado, que incluyen aspectos como implicación, sesiones, actividades, resultados, actitudes, satisfacción etc. Algunas corresponderían casi en exclusiva a los impartidores y organizadores; sin embargo se pide al profesor cursillista que lo evalúe todo, hasta a sí mismo.
Una característica, yo diría que "perversidad", de esta deformación evaluadora es el anonimato incuestionable. La evaluación conlleva una importante responsabilidad porque siempre está el trabajo de alguien (directa o indirectamente) con nombres y apellidos sometido a cuestión.
Si tomamos como referencia el mundo de la empresa, la cosa es bien distinta. Cuando nos solicitan que valoremos un servicio del que somos usuarios (más allá de una encuesta), se hace forma nominal y con frecuencia corre a cargo de una entidad externa especializada. Esto propuesto para la enseñanza produce rechazo, e incluso pánico, aunque no debería, siempre que los criterios sean claros, conocidos, y en función de ellos se interpreten los resultados.
En un post de Juanjo en Efervescente 2H, después de comentar como el equipo de directivo se somete a la evaluación del claustro, añade: Ahora que llegan las evaluaciones, y las de segundo de bachillerato acaban de pasar, me quedo pensando si las directivas de los centros se evalúan, evalúan su trabajo, y si se someten a evaluación. Y si se evalúan muchas más variables: nosotros andamos en ello. O quizás solamente evaluamos a los alumnos. ¿Evaluamos horarios, agrupamientos, estructuras, jefaturas de departamentos, porcentajes de promoción y titulación, rendimientos por asignaturas, cumplimiento de programaciones, resultados de programas de todo tipo, etc, etc? ¿Nos evaluamos los profesores? ¿Y el grado de satisfacción de alumnado y sus familias? ¿No cuenta para nada en un servicio público? Porque un instituto es un servicio público ¿no?
Preguntas interesantes, que si existiera evaluación externa no se harían porque la interna formaría parte de ella. No hay que tener miedo, mi experiencia de haber sido evaluado en los siete últimos años (cuatro evaluaciones por servicios externos, incluso una por personal ajeno a la administración vía telefónica) no supone ningún trauma, ni perdida de autoestima, incluso he agradecido la oportunidad de haber podido dar datos, reflexionar y opinar. Lo mismo ocurre cuando he actuado de evaluador externo recientemente en los centros dentro del Programa de Madurez TIC (programa con más debilidades de las esperadas, le debo otro post), no tiene porque que ser ingrato y si algún momento lo es, nos va en el sueldo.
En esto tampoco somos distintos al resto e los servicios públicos, carencias, falta de recursos o cualquier otra deficiencia, no son más que aspectos de mejora que implica a distintas instancias, a cambio se obtienen garantías ante la la sociedad y la administración; que a su vez es evaluada indirectamente.
Por cierto, deberían existir evaluaciones voluntarias, que fuera un derecho solicitarlas y acogerse a sus beneficios, pero ese es otro tema.
(Ver un nuevo post "Sobre la evaluación del profesorado" en Palo TIC)



