lunes, marzo 22, 2010

Maquillaje o cambio.

 Tiscar Lara, en las jornadas JEDi de Deusto, responde a la pregunta de Mari Mar Pérez sobre la formación del profesorado con dos reflexiones que deberían tenerse en cuenta en la planificación de la innovación y la formación:
  • La resistencia a planteamientos innovadores puede acabar en operaciones cosméticas: cambiar algo para que nada cambie. A este respecto alude a lo que el currículo por competencias se dejó por el camino.
  • Los  pretextos con que nos dotamos para justificar al inmovilismo responden a impulsos internos, tienen como causa de fondo la pulsión a enseñar  cómo hemos aprendido, la tendencia  a ajustarse a la metodología que vivimos como alumnos.
Escuchando ese minuto de vídeo en Hezkuntza Telebista Bloga , me ha recordado a la paradoja de la evaluación diagnóstica: no se han cerrado los planes de mejora derivados de la del curso  pasado y ya se han realizados las pruebas de éste. La superposición de planes de mejora los convierte en un fin en sí mismos, más  en un maquillaje de las carencias endémicas que instrumentos de superación.  A esto se añade la duda de si unos sistemas evaluación basados en principios similares a los de Pisa, que se muestran muy adecuados  para elaborar las macroestadísticas necesarias para el diseño de políticas educativas, lo son también para poner rostro humano a los números.
En la breve respuesta menciona a la selectividad como ejemplo de un supuesto  pretexto de resistencia al cambio,  se la suele exhibir como un corsé que atenaza al bachillerato. Para la reforma en curso que quiere hacer más digerible  esta etapa  se deberían  recabar indicadores basados en datos reales, tales como los apoyos externos:  al término de la misma son muy escasos los alumnos que la superan sin acudir a academias. Los datos de una pequeña  encuesta que publiqué hace unos meses  muestran como surgen los apoyos familiares en el primer ciclo de la ESO y acaban extendiéndose en manos  de profesionales.
Tampoco estaría de más prestar mas atención a lo resultados cuando estos son disruptivos, incluso en el propio centro. A final de curso pasado me sorprendió ver como  una parte del equipo docente de un centro se rebelaba ante el hecho de que una asignatura de segundo dejara al 60% sin la primera convocatoria de selectividad, minando las posibilidades de estudios posteriores. Parece que de nada sirvió, y mucho menos las quejas de los padres, frente a concepciones tan bíblicas como "estoy acostumbrada al llanto y rugir de dientes".

La segunda reflexión que me evoca el vídeo se refiere a la formación en cuanto propulsora de la innovación. Hay que distinguir entre información y formación.  El discurso oral y escrito es informativo, pero  escasamente formativo, se busca el cuestionamiento en base  complacencia, la complicidad  produce un espejismo contemporizador que se torna contra el objetivo.
La formación tiene que pivotar en la reflexión para no caer el "practicismo", pero esta es inocua si no va acompañada de un proceso deconstructor de concepciones y hábitos latentes y constructor de otros nuevos, una práctica no siempre cómoda: hay que aprender "haciendo" de una manera diferente, en esto no somos diferentes a nuestro alumnos.


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2 comentarios:

Josu Garro dijo...

Muy de acuerdo en la valoración que haces de la realidad de las aulas tato concertada como pública. Los claustros respondemos a un modelo tradicional de transmisión de contenidos, repetimos las maneras del como aprendimos nosotros... "Y, no nos fue tan mal" Respuesta habitual de muchos compañeros. Yo suelo decir que sería en su caso ya que yo tarde muchos años (fue en la facultad de BBAA y en algunas asignaturas y aquí recuerdo a Paco Juan, Txupi y Javier) donde aprendí que existían otras maneras de aprender. He sufrido en silencio durante años unos modelos de construcción curricular que me obligaba a programar mi asignatura con un montón de retórica que no entendía y sigo sin entender cuando lo que yo quería era más simple, que mis alumnos y alumnas desarrollaran una habilidades (ahora las llamo competencias) que les permitiera expresar mediante la plástica, dibujo, pintura, fotografía, dibujo técnico y cine o televisión lo que pasara por su cabeza. Por eso me ha gustado tu articulo. Pero el problema es que el camino que llevamos es el de cambiar lo de fuera para que lo de dentro no cambie y el desembarco oficial, editoriales, administración y cualquier otro estamento oficial con el lema de "Buenas Prácticas" es lo que me parece que quieren.

Miguel L. Vidal dijo...

Así es Josu, se pretende cambiar sin que nadie se sienta obligado a cuestionar su práctica: poquito a poco, para empezar... El eterno discurso. A esto se añade la administración ni siquiera tiene una hoja de ruta, cada día estamos más entregados a iniciativas sin conexión ni cohesión. Las editoriales harán aquello que les sea más vendible, como siempre.