viernes, noviembre 14, 2008

El "explicador"


El otro día en una cadena de TV el presentador decía de un profesor (no recuerdo detalles) que "explicaba" filosofía. Así definía, y se define con más frecuencia de la deseable, la función del profesor, ante todo, explica. Y eso es la ruina de más de uno, su afición a la explicación acaba socavando ante el extremo cualquier otra función que no sea la examinadora. Y tiene su lógica, el profesor ha pasado un tercio de su vida escolarizado y recibiendo interminables horas de explicaciones un día tras otro. Si a esto unimos que el "explicador", si fuera profesión, sería una de las más antiguas del mundo porque la lecto-escritura era algo sólo al alcance de una élite hasta hace un puñado de décadas, la imagen se puede considerar históricamente consolidada. No en vano, uno de los debates más enconados se refiere a la edad hasta la que se puede imponer que se "explique" lengua, idiomas, matemáticas, ciencias y humanidades a todo ciudadano adolescente. Para algunos, no más allá de donde llegue la Primaria.

Digamos que muy difícil escapar a la reproducción de roles, cualquier formación que pretenda cambiar las prácticas no puede obviarlo, a pesar de la anuencia en que el alumno aprende trabajando (el término estudiar, habría que precisarlo, lo dejamos para otra ocasión). ¿Pero cuántas horas se le dedica a trabajar y cuántas a escuchar por término medio a lo largo de su escolaridad dentro del aula? Probablemente encontraremos diferencias no sólo por centro o profesor, también por etapa. Una segunda pregunta debería dirigirse a la incidencia que tiene en la actitud del alumnado la acumulación de horas de oyente.

Freinet decía que lo natural era el trabajo, también es la tesis de la entrevista que todos hemos celebrado de Punset a Roger Schank, y sin ir más lejos el post más buscado de este blog es Edgar Dale y el cono de aprendizaje, que pone el acento en la incidencia del tipo de actividad, 4953 vistas y cuatro minutos de media por visita lo avalan.
No se cuestiona que el conocimiento se construye, que no se transmite como la voz a la grabadora o la letra a la pantalla y a la memoria, pero lo implícito no es un discurso, es una actitud que genera una sinergia conservadora.

Pensado en este entrada me ha venido a la memoria un profesor que tuve de matemáticas en tercero de bachillerato, paseaba por la clase mientras hablaba o dictaba sus apuntes, con la cabeza baja, concentrado, como si no existiéramos, y eso mismo es lo que más nos divertía: la facilidad con que nos ignoraba.

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