Soy un gran defensor de la formación académica, pero hay muchos caminos para obtener formación. Conozco gente que ha ido a la Universidad que no es nada universitaria. Asumir responsabilidades, comprometerse desde muy joven, trabajar con otros, dedicar tanto tiempo a los demás, produce una formación extraordinaria.
Hay dos supuestos muy comunes que me producen la misma antipatía. El primero, que sólo los docente estamos capacitados para decidir sobre la educación, incluso a veces se en exclusiva aplica tal adjetivo a aquellos que gozan de nuestra simpatía o afinidad. Y al segunda, la sobrevaloración de las titulaciones hasta elevarlas al rango cuasi sacramental, que eleva la función docente personal (...disciplinar) hasta límites casi místicos, cualquier otra actividad o tarea no soporta la menor comparación formativa.
Tanto una, como otra, no dejan de ser rémoras de una sociedad donde la concepción tradicional de la enseñanza sigue perdiendo peso relativo (nos lo cuenta Roger Shank ). El conocimiento está tan alcance de cualquiera que las competencias de búsqueda y metalingüísticas para valorar la relevancia de la información adquieren una importancia impensable una década atrás.

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